domingo, marzo 22

H

Hoy es el segundo día de primavera y mi alma se calienta. Apenas me he dado cuenta del paso de estos últimos meses, han dormitado, han hibernado mientras que yo sólo vivía días. Este mes me he visto sorprendida por el calor apacible que arrojaba el cielo claro. Han sido meses tristes y felices, llenos de dobleces y yinyanes. Quiero salir, quiero ser popular, pero a la vez quiero ser única, una incomprendida. Quiero sentirlo todo, y a la vez sólo quiero sentirle a él. Quiero ser feliz, quiero que dure, y a la vez me martirizo, como si buscara resquicios en los que puedan refugiarse los microorganismos que colonizan mi mente.

¿Qué debo hacer...?
.

miércoles, marzo 18

Tinta de satén

Sólo sé que no sé nada y ya sé algo, pero no mucho, es difícil comprender sin ser absurdo cuando dije que el folio blazer buscaba parte en el asunto banal del panal apícola.
Es triste y hermoso, hermético-apestoso, verde aceitoso, granito de diamante, quilates de coral. Son techos de plástico, alfombras de pan salado. Ojos concretos e infinitos, nunca jamás finitan siempre que, con sus estereocilios de cristal ahumado, de vidrio multicromo, no te hagan una llaga en las encías.
Asunto astuto, dulce caviar acosado en los laureles del tren. Hizo tristes a los niños ausentes, hizo párvulos a los ancianos de sal.
.

jueves, marzo 12

Hiperbólica

He estado pensando durante un rato... y me he dado cuenta de que es el adjetivo que mejor puede retratarme. Lingüística y matemáticamente hiperbólica.

Nací de la hipérbole, no sé centrarme ni ralentizar mi mente frenética. O frenética o dormida, a pesar de mi aspecto cansado. Si estoy cansada es por mi estúpido cerebro, siempre quemando glucosa salada.

Nací de la hipérbola, tratando siempre de tender hacia una asíntota, cada vez un poquito más cerca...
Sin ni siquiera llegar a rozarla.

.

Alfon

En realidad el tiempo no existe, lo descubrí contigo. No sé en qué se basan los relojes, si han sido construidos por mentes humanas, las mismas que miran cómo el segundero pasa como si fuera el minutero en fisiología, o todo lo contrario cuando me besas.

Me encanta cuando me cuentas tus pequeñas cosas, me encanta descubrirte para después colonizarte, poco a poco, paso a paso. Me gusta cuando me dices que me amas, porque no lo dices demasiado alto ni demasiadas veces. Más bien lo susurras, para que sólo yo pueda saborear esas palabras, como si fueran chocolate con menta. Adoro pensarte y soñarte, me mantiene viva cuando no te veo, aunque a veces echo tanto de menos tu aire que se me hace difícil soportarlo.

Tus pestañas me abrazan, como si fueran dulces hilos de seda que me atrapan en una telaraña gigante, densa, perfumada, confortable... tanto como tu cama, de la que no quisiera salir nunca. Hundirme en ella, para siempre, contigo, con tus ojos alegres, con tus manos, con todo tu cuerpo, contigo al fin y al cabo. Porque me enamora cada minúsculo detalle, en cualquiera de tus facetas, de tus aspectos, de tu anatomía. Eres todos mis sueños y mis inquietudes. Eres mi alma, mis huesos, mis ojos, mi sangre, mi felicidad. Eres cada cosquilleo que me provocas, cada espasmo de placer, cada momento infinito.


Te quiero, Alfon, como jamás he querido a nadie.
.

domingo, marzo 1

Nylon

Cuarenta y cinco kilogramos, ciento cincuenta y nueve centímetros.

¿Qué hacer si nada me favorece? ¿Si la XS me resulta enorme y apenas toca las líneas de mi silueta? ¿Será que cada vez todo es más grande o que soy yo la que menguo? Con la ropa de adulto parezco una chiquilla de cinco años poniéndose los tacones y el pintalabios rojo de mamá. Con la ropa de niño parezco un bebé blanco y blando.

Y este es el resultado de la evolución: un fideo maleable y anoréxico. Pequeño, pequeño, pequeño...

.