La lluvia cae en mis pestañas y se convierte en lágrimas heladas, porque mis párpados están bajo cero y las congelan. La noche es blanda como un castillo hinchable que está poco inflado y me apetece divagar, coger estrellas y comérmelas mientras imagino que son cucarachas. No me gustan las cucarachas, por eso me gusta comer estrellas pensando que son cucarachas, porque sé que no lo són, que son algo mucho mejor. Mis dedos están arrugados, pero no sé si es por el baño o por el ambiente hiperosmótico que me envuelve y me va dejando como una pasa. Los lunes son terribles y los polvorones se acaban antes de diciembre y ya no hay vuelta atrás. Me gusta caminar descalza por el campo y pillar el tétanos mientras mis pies lloran en rojo y dan de beber a las plantas. No sé si me entiendes, ya sabes, pero eso está bien.
lunes, noviembre 22
martes, noviembre 16
Me pregunto si mi forma de ver la vida es la correcta, si mi mente será miope o hipermétrope, si me he encerrado tanto en mí misma que me he convertido en alguien que no ve más allá de sus narices. Siento tanto a cada instante que me resulta difícil comprender que los demás puedan sentir algo comparable a lo que siento yo. Nunca he estado ni estaré en su cuerpo, ni en su cabeza, ¿cómo sé que no se les pasan por la cabeza todas estas cosas metafísicas e inútiles? No lo puedo entender. Tal vez no tengo empatía y soy una psicópata en toda regla... y eso me da miedo. Las mayores sensaciones las provocan pensamientos y abstracciones internas, ¿es eso normal? Antes bastaba con distraerme, pero ya ni eso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)