lunes, febrero 15

Philips, 1963

La vida es un despropósito, y nadie me lo avisó cuando estaba a punto de coger el taxi. Allí me encerraron y fuera no había nada. ¿Qué es mejor, la nada o un todo terriblemente feo y vacío? Miro a mi alrededor y no veo más que diferencias maquilladas de rosa. Chicas que se pintan bien y otras que apenas saben trazar una raya inmensa sobre su ojo enrojecido. Pero debajo todo es igual, aunque te intenten convencer de lo contrario. Una multitud tan adorable y original, tan ciertamente elegantes en las fotos que decepcionan al cruzar dos palabras. Todos somos tan asquerosamente humanos, frágiles, débiles, malvados, tristes, tan iguales al final, tan clonados, tan odiosos, tan caducos, tan poca cosa...
Y sin embargo las diferencias durante la vida se hacen tan, tan acusadas que más bien parecemos las dobleces de una camiseta sin planchar. Las nubes blancas nos nievan en el pelo y en el alma, y nos volvemos fríos, pero seguimos tratando de parecer hermosos, de sacudirnos la humedad, de sonreír inútilmente, como si tirasen de nuestros labios hilos finos de pescar. Y tiene gracia que un hilo sea aún más fuerte que nosotros, si somos menos que un hilo, ¿qué somos?
Los huesos se ahuecan y sin embargo nos hacemos pesados, salimos, bailamos, bebemos y todo contra nuestra voluntad, que nos invita insistentemente a caer y no levantar jamás, a dormir y a abandonarnos. Pero hemos de seguir maquillándonos, hemos de seguir marcando esas diferencias que hacen a unos tan desgraciados y a otros tan exitosos. Y todo ello mientras avanzamos hacia en mismo vacío sin fin, mientras nos pudrimos a cada instante.
Viajamos en la cinta magnética de un cassete a punto de acabarse y al que conviene dar la vuelta de una vez.

miércoles, febrero 10

Cuando vi la entrada de Mamen el otro día, me apeteció hacer una lista con las cosas que me gustaría hacer en los próximos meses. Aunque bien es cierto que la palabra "propósito" está bastante maldita, y que todo lo que se pone bajo su título acaba por incumplirse. He acabado los exámenes y estoy mentalmente muerta. Me gustaría escribir bonito, pero es lo que hay.


Planes a corto plazo:

- Quedar con Mamen.
- Quedar con Silvia.
- Quedar con Raquel y Adriana.
- Convertirme en alguien medianamente integrado en la sociedad.
- Comprarme una camisa de leñador, una camiseta marinera y un vestido vaquero y/o con volantes.
- Comprarme la peluca para el disfraz por un precio razonable.
- Hacer un bed-in con Alfon.


Planes a medio plazo:

- Superar mi fobia a los juegos de mesa.
- Ser un poco menos cascarrabias.
- Echarme cremitas y cuidarme un poco más.
- Salir a correr (¿cuántas veces me lo he prometido?)
- Estudiar un ratito, aunque sea tres días a la semana, desde el principio.
- Leerme el Corán y la Biblia. Si el teísmo ha sido siempre el punto débil del ser humano debo conocerlo bien para...
- ...hacerme budista.


Planes a largo plazo:

- Ahorrar para el carlino.
- Ahorrar para el viaje a Tokio.
- Casarme con Alfon.

miércoles, febrero 3

Ya queda poco para el carnaval.
Mi lomo se dobló como el de un libro cuando me abriste por la mitad y olisqueaste mi entrepágina acariciada por esa cinta de seda roja. Separaste mis pliegues con dos dedos, con la uve de la victoria, tu uve en mi uve... Sentí una quemazón muy fuerte, algo que nunca había soñado sentir, algo irresistible y blando que me retorcía el lomo con elegancia. Mientras, la lluvia palpitaba sobre ese cordón umbilical que había tejido tu lengua en mi epicentro. Tu sangre entraba en mi sangre justo por ahí, eso era lo que me quemaba tan fuerte. Querría haberte ahogado con ese cordón umbilical, ya nada después de eso merecería ser vivido. Nada.